Cuando me disponía a salir Kiuzu salió de
despedirme
–
Dile al viejo de Hatxiro de mi parte que
busque retirarse, que dentro de poco tendrá que amarrarse la espada a la mano
–
Claro
señor, procurare no olvidar nada del mensaje
Seguro le digo eso a mi maestro... y
puede ser que me sacrifique dentro del volcán que está cerca de la ciudad de
Hamio - pensé - siendo lo mejor que me puede pasar... pero no pienso perderme
la expresión de su cara cuando le de el recado después de todo es un mensaje
directo de un maestro espada.
Partí del Iridia sabiendo que aquel que fue
elegido ya se encontraba de camino a las tierras del norte a cumplir la tan
aclamada misión.
Por mi lado me esperaba poco mas de una semana
de viaje, ya que no tenia que apresurarme tanto como cuando inicie mi viaje,
aunque entre mis planes era llegar lo más pronto posible a Kandrot.
El medio día de viaje que tomaba llegar a
Aplidia había sido la parte fácil, ahora me tocaba regresar a las montañas, pero
al mal paso darle prisa, por lo tanto compre un poco mas de carne seca ya que
seria lo mas fácil de comer en el día y medio que tardaría en las montañas.
Pues relatar una historia es más fácil que
vivirla, nuevamente el gélido viento de las montañas acariciándome. Montañas
tan firmes y atentas, que si tuvieran vida y se dieran cuenta del tiempo y las
personas que pasan por ellas, se reirían del efímero momento que significamos y
lo poco que les importa lo que sucede alrededor de ellas.
Pues nuevamente me encontraba en las faldas de las imponentes montañas y cerca de la ciudad de Zept, solo deseaba que Ñongue no la hubiera aplicado la fuga demente nuevamente.
Al llegar al refugio de viajero lo primero que
vi fue la mala cara del encargado, eso no me extrañaba para nada y mucho menos
me preocupaba.
–
No pienso tolerar esto su caballo es
completamente incontrolable es mejor tener una docena de caballos salvajes que
tener a esa bestia en mis establos
–
Si
si, ahora que hizo Ñongue?
–
Ese
monstro tiene nombre? Pues no me extraña la verdad todos los grandes males
tienen nombre, la peste negra, la guerra antes del pacto, suegras, auditores y
Ñongue.
–
Ya
estuvo bueno, me va a decir que hizo o solo se va a dedicar los quince minutos
de gloria de mi caballo?
–
Pues
ese caballo es un maniaco… como decirlo… sexual… si exacto es un maniaco
sexual, violo cuatro yeguas, tres ovejas, dos cabras y… y… y…
–
Y
que más?
–
Y…
otro caballo
–
Solo
eso?
–
Solo
eso?!!! Que otras cosas a hecho ese demonio cuadrúpedo?
–
Quiere
que le cuente?
–
Pues
después de ver lo que hizo nada me sorprendería
–
Ha
visto la luna del sur?
–
No
me cuente más por favor…
–
Bien
cuanto es?
–
Cuatro
kenon de plata
–
Cuatro?
Por un par de polvos?
–
No…
Cuatro por la destrucción de los establos
–
Ñongue
la que te pario!!!! Aquí tiene y mi caballo?
–
Huyo
–
Huyo!!!!?
–
Si
–
Pero me cobra después de haber dejado huir a mi caballo
–
No
lo deje huir, trate de detenerlo, la verdad cuando el intentaba
desesperadamente salir de los establos fue cuando los destruyo
–
Tome
me voy!
–
No
quiere saber qué dirección tomo su caballo?
–
No!
Años, son años en lo mismo no puedo creer que
aun lo haga, después de tanto tiempo y aun continua haciéndolo y aun no logro
entender quien me lo hizo así, me doy la espalda un momento y lo hace, siempre
lo hace, cuánto tiempo mas deberé soportar cosas así?
Es mas no tengo ningún problema que lo haga
pero al menos debería darme oportunidad de estar preparado, a pero no, no, no,
siempre sabe cuál es el mejor momento para aplicarla, ese tipo de manías ya han
causado problemas en el pasado grandes problemas, debo decir que con actitudes
como esa no se avanza mucho… solo se destruye mucho.
Este tipo de caminatas no es lo que me gusta,
pero al menos si se lo que le gusta y lo que le gusta lo meterá en problemas,
bueno me meterá en problemas, nadie va a hacer que un caballo cargue con la
responsabilidad de sus actos, como si él no supiera lo que hace.
Calmado, calmado, hoy no, después será, ahora
debo avanzar, encontrarlo y regresar. Creo que debería estar en busca de soghons
de piedras de cristal, aun que no sé porque le gustan tanto los de esta región…
todos son iguales.
Tenía toda la tarde para encontrarlo antes de
que debiera buscar refugio para la noche, pero al menos conozco bien la región…
el también la conoce.
Camine hacia el este, a las faldas de la
montañas donde se encuentran en mayor concentración las piedras de cristal
azul, las que al parecer son donde crecen los soghons que más le gustan a
Ñongue. Me llevaría al menos una hora y media llegar hasta allá.
Mientras caminaba me entretenía pensando un
poco, ya que de por si no tenía nada más útil que hacer…
–
Cuatro
kenon de plata hasta ahí llegaron mis reservas para la comida del resto del
viaje, aun me quedaba un poco pero eso me reducía mis raciones de alimento a la
mínima, no podría hospedarme nuevamente en la taberna de Null, se salía de lo
que me quedaba, y además no tengo nada que comer en estos momentos y ya estoy
cansado, estoy seguro que Ñongue la pagara por esto, no es posible que haga
tanto mal por puro gusto y salga airoso, tiene que haber un “corte de karma”,
si eso exactamente un “karma corte” si la logra en esta ocasión sin salir
perjudicado un su momento quiere decir que la justicia es mas efímera de lo que
pensé alguna vez
La tarde avanzaba pero no habían rastros de
Ñongue, nada de muerte ni destrucción, nadie quejándose, ni animales corriendo,
ni arboles cayendo… nada. Sería posible que me equivocara y ese caballo no vino
por acá? No podía detenerme ya llevaba más de la mitad de camino y fuese como
fuese el tarde o temprano terminaría pasando por acá, solo se puede retrasar lo
inevitable.
Llegue y no había signos de vida, Ñongue no
había llegado aun y no se veían signos de que algún caballo haya estado en la
zona en los últimos días, donde estaría?, o más bien cuanto le faltaba para
llegar? Pues ya lo dije antes, es más fácil relatar lo que paso, que vivirlo. Hasta
los caballos tienen sus días malos y me parece realmente justo.
Después de todo es mi caballo y me ha
acompañado desde que puedo recordar, y conozco todas sus historias y esto fue
lo que le ocurrió desde la mañana hasta que lo encontré muy cerca del
anochecer.
Ñongue había tomado camino hacia el sur apenas
huyo de los establos, estaba seguro que no debía caminar en dirección del
amanecer pero su instinto le decía que caminar era bueno y faltaba mucho para
que Lusawa regresara, además que sabía que su bocadillo favorito se encontraba
en dirección a las altas montañas. Era temprano, lo sabía porque el sol estaba
muy bajo, recién había aparecido y aun hacia frio, no le importo no era la
primera ni la última vez que recorría esta zona, acababa de comer pero aun
sentía deseos de comer, mas no tenía hambre, se acerco al árbol más próximo y
se rasco las orejas, sabia donde se encontraba pero no sabía hacia dónde ir, tenía
mucho rato de estar caminando y el sol ya se encontraba más alto en el cielo,
por fin no hacia tanto frio, así que se hecho en el suelo esperando lo que
fuera.
El viaje de regreso era largo pero no le
importaba había descansado lo suficiente pero en su mente era seguro que no se iría
sin pasar por el norte de la región, el calor lo hacía sentirse mejor así que
se levanto y de una vez empezó su viaje, Lusawa lo estaría buscando pensó, él lo sabía, así que antes de llegar de regreso
al pueblo olfateo buscando el olor de Lusawa, ya paso por aquí, pero no fue
hace mucho, Ñongue había encontrado que la mejor solución para los problemas
era no estar después de causarlos, así que seguir a Lusawa era más fácil que huir
de él, después de todo la pista estaría detrás de Lusawa y no adelante.
Mientras avanzaba, Ñongue procuraba tener una
distancia bastante considerable entre él y Lusawa, pero si Lusawa iba adelante
como podría conseguir llegar a las piedras sin que lo detuviera. Era un camino
tranquilo la tarde apenas caía y las distancias se acortaban, Ñongue escucho
algo, conocía ese ruido, también reconoció un olor en particular, si era una
yegua, una joven.
Ya ha pasado una hora desde que llegue, donde
estará ese caballo? Si cuando menos se diera prisa en llegar no estaría tan
aburrido como molesto, bueno a falta de caballo vamos a crear un poco de
diversión para más tarde. Decidí que si Ñongue se pasa de listo cada vez que
puede yo me la iba a cobrar algo esta ocasión, aunque me llevara algo de tiempo
me dispuse a encontrar y destruir todos los soghons, sabía que eso sería un
buen cambio por todas las que me ha hecho. La decisión no se dio a esperar y
comencé a trabajar en ello, la zona era grande pero las piedras eran fáciles de
encontrar, al principio fui destruyéndolos pero después decidí recolectarlos,
se me ocurrió que sería una buena carnada para Ñongue no creo que rechace lo
que vino a buscar puesto en charola de plata, aunque él supiera que es una
trampa siempre buscara la forma de apropiarse de lo recolectado y eso será lo
que me permita agarrarlo caído.
Mientras recolectaba todo lo que podía me
dedique un momento para pensar como podría hacer que todo fluyera a mi favor y
poder recuperar el tiempo perdido. Ya habían transcurrido dos horas desde que
termine mi recolecta, no podía comprender donde se había metido, así que lo
mejor será pensar un plan B solo por si acaso no se le ocurría regresar por
esta zona. Pensar cosas elaboradas me resultaba tedioso y aburrido pero la situación
lo ameritaba y no pensaba quedarme por esa zona.
Ante el primer signo de que una yegua estaba
cerca, Ñongue no lo pensó mucho y fue en su búsqueda, después de todo, Lusawa
podía esperar, él siempre podía esperar. Por el bosque adentrándose entre lo
arboles, Ñongue camino hasta que encontró un sendero que empezaba justo en
medio de la nada, una verdadera sorpresa y completamente inesperada, un camino
que no conocía y eso no se podía quedar así, tenía que saber a donde llevaba, además
el olor de la hembra era más fuerte conforme avanzaba así que tenia una excusa
mas para recorrer este nuevo pasaje. El camino era como cualquier otro que
había en el reino, con luz de esperanza Ñongue se acercaba más y más al a su
objetivo, cuando supo que estaba muy cerca entro nuevamente entre la segura oscuridad
de los arboles para no ser detectado. La yegua no estaba solo era cabalgada por
una niña no muy joven pero aun una niña; regla numero cincuenta y tres no
molestar a los niños, y lo cual llevaba a la regla noventa y uno ayudar a los
perdidos, esa niña no podía estar sola en un sitio tan alejado solo porque si,
debería salir del escondite he intentar ayudarla a salir y encontrar un pueblo
para que se hicieran cargo de ella. Ñongue se encontraba aun en el debate
mental de si salir o no cuando la niña hablo
– Sal de ahí!
–
Cómo? Pensó Ñongue
–
Sé
que estas ahí puedes salir
Ñongue no
creía lo escucho, la niña detuvo la yegua y bajo, reviso entre sus
alforjas y saco un objeto naranja
–
Ven
bonito no te hare daño
La niña apuntaba con amabilidad una zanahoria
en dirección a donde se encontraba Ñongue
– Bueno
esto hará las cosas más fáciles. Pensó Ñongue. Y de entre la sombra del bosque
se asomo Ñongue como todo gran actor se acerco lentamente aparentando miedo,
desconfianza y el clásico interés hacia la comida que se le ofrecía tan
amablemente en ese momento. La niña acaricio a Ñongue en el costado mientras le
entregaba la zanahoria.
–
No
deberías andar solo por este bosque tan aterrador
–
Eso
debería decirlo yo… si pudiera, pensó Ñongue
–
A
donde te diriges?
–
Me
pregunto si tendrás nombre caballito, no es normal ver caballos que anden
sueltos por ahí y menos que anden por esta zona, bien mi nombre es Anyalie
Después de caminar uno cuantos minutos al lado
de la niña parecía notarse que en realidad no se encontraba perdida, pero
igualmente no parecía que ella fuera de ningún sitio cercano su tono de piel y
cabello, el color de sus ojos y su vestimenta no eran las de personas de la
zona, el camino por fin se dividía en dos así que lo mejor era guiar a la niña
hacia Zept ahí alguien se encargaría de ella o al menos podría tomar el camino
principal por el cual era más fácil llegar a cualquier sitio donde fuese que se
dirigía.
–
A
donde te diriges? Dijo la niña.
Ñongue volvió la vista hacia lo que él
consideraba en ese momento su responsabilidad.
–
Vives
por ese camino? Entonces aquí nos separamos, me alegra ver que no estabas
perdido caballito, yo sigo mi camino hacia mi casa y tu a la tuya te parece
bien?
La niña desmonto a la yegua y se dirigió hasta
donde se encontraba Ñongue, mientras caminaba hacia él rebusco en su bolso y
saco una manzana para dársela, en ese momento la manzana resbalo de su mano y
rodo hacia él hasta chocar con una de sus patas, la niña se agachó para
recogerla, Ñongue no le dio mucha importancia hasta que la niña dijo
–
Son
verdes!!!!!!
–
Las
manzanas no son verdes, al menos esta no, yo la vi antes de caer, pensó Ñongue
–
Tienes
las pesuñas verdes!!!! Dijo la niña en esta ocasión
–
Si
eso lo se aunque no siempre ha sido así pensó Ñongue en repuesta al comentario.
La fría sensación que te empieza en la cabeza y baja por todo el cuerpo cuando
acaban de descubrir algo que has ocultado durante mucho tiempo con meticuloso
cuidado lleno al cuadrúpedo
–
Increíble
nunca había visto algo igual las cuatro son iguales, pero no parecen estar
pintadas, pareciera que son de…
La parálisis de ser descubierto se alejo para
dar paso a la incontenible necesidad de correr lo más rápido posible lejos de
la escena.
–
Espera!
Espera! No corras… se fue. Que caballito más curioso, me pregunto si lo volveré
a ver
Ñongue corrió sin detenerse hasta que se dio
cuenta que estaba cerca de Zept, estaba cansado, preocupado y hambriento,
además de darse cuenta que nunca fue en busca de los soghons, no pudo intimar
con la yegua que tanto intereso, ya era tarde y decidió volver a al pueblo
donde pensaba esperar a Lusawa hasta que volviera ya que no tenía nada de ganas
de irlo a buscar, fue muy mal día y prometió a sí mismo no repetir una tarde
tan poco motivadora como esa.
El tiempo pasaba y Ñongue no se dignaba a
aparecer, la espera me ayudo a calmarme y decidí volver al pueblo con todo lo
recolectado después de todo creo que de algo me servirán, mientras caminaba me
tope con Ñongue caminando también de regreso a pueblo pero con tal agonía en el
rostro que daba lástima verlo hasta caminar, debo decir que a pesar de mi enojo,
se veía que mi querido caballo por fin había pagado unas cuantas de las que me
debía aunque no lo pude disfrutar personalmente, podía ver claramente que en el
campo imaginario de batalla entre él y yo estaba completamente devastado aunque
no podía definir claramente cómo o quien había podido ganar no solo la batalla
sino la guerra en un solo encuentro. Que sucedió en ese momento no lo supe
hasta que regresamos a Kandrot o tal vez no intente averiguarlo hasta ese
momento...
